6 PILARES DE LA RELACIÓN DE PAREJA

Como psicoterapeuta he explorado las relaciones de pareja en función de las dificultades que presentaban las personas que solicitaban mi colaboración para resolverlas. Desde esta perspectiva, los pilares que presento aquí son factores que evitan problemas. Sin duda, pueden tomarse como factores preventivos, de la misma manera que hablamos de lavarse las manos antes de comer para garantizar la salud o beber agua para evitar la deshidratación y otros problemas. No obstante, os invito a una lectura más amplia:

 Estos pilares son también fuente de satisfacción y felicidad. Su aparición y permanencia en una relación producen sensaciones y emociones agradables, y la identidad de pareja (¿qué somos como pareja?) se fortalece aportando sentimientos de confianza y seguridad.

 

No pretendemos tenerlos todos y en máximo grado para comenzar una relación de pareja, ni tampoco decir que la relación no irá bien si todos estos pilares no están y están fuertes.

A menudo equiparo las parejas a las casas sobre palafitos, casas construidas en zonas húmedas sobre columnas, en alto. Una columna algo deteriorada no supondrá que la casa caiga, pero el deterioro de varias de ellas hará que peligre la estabilidad de la construcción.

Veamos cuáles, aunque sea resumidamente, son las columnas principales

¿CUÁLES SON LOS ASPECTOS A REVISAR Y CUIDAR PARA CONSTRUIR UNA BUENA RELACIÓN DE PAREJA?

AMOR

El amor en la pareja es básicamente un impulso hacia el otro, que no ha de surgir ni aparecer desde el inicio de una relación, aunque nosotros estamos tan adscritos a este tipo de relación (el que surge impetuosamente antes incluso de conocer a la otra persona) que ya nos resulta difícil concebirlo de otra manera. Es lo que llamamos amor romántico, y, en realidad, sólo es concebido como la forma natural de amar en la pareja desde hace un par de siglos, y en Occidente. Sin embargo, el amor en la pareja puede surgir después de iniciada la relación, tras un conocimiento mutuo y un tiempo de experiencias compartidas. Es más, a mi juicio, el amor romántico generalmente se transforma en este amor posterior, pero como consideramos al romántico como más verdadero generalmente hablamos de que se pierde algo, de que ya no es lo mismo, y añoramos aquel enamoramiento inicial, más intenso, devoto y pasional.

Sin embargo, es imposible que el amor romántico inicial, intenso y hasta desmedido, se mantenga sin más. Está basado en la idealización de otro, al que no se conoce, e ignora cualquier experiencia anterior de pareja.

Por eso se da generalmente entre jóvenes, inexpertos e inmaduros. Algunos diréis: “¡pero es bonito!”. Y naturalmente es así, aunque lo bonito de ese sentimiento no es la otra persona, sino uno mismo, los sentimientos que genera el enamorado y la alegría del presunto descubrimiento. Ese amor sólo puede sobrevivir si se transforma en otra cosa, y aunque muchos creen que se transforma en algo peor, en sentimientos más apagados y aburridos, yo os afirmo que se puede transformar en algo mucho mejor, en sentimientos más serenos, más profundos, más reales, pues ya no se ama al ideal del otro, sino a la persona misma, y se es amado por ser la persona que se es, sin tener que ser alguien diferente y estar en el continuo sacrificio de agradar a la pareja.

Pero el amor, de cualquier tipo, no es suficiente. Necesitamos más pilares.

EMANCIPACIÓN

¿A qué me refiero con emancipación? Hay un concepto de emancipación, la legal, que es parecida a la emocional, que es de la que os voy a hablar. Una importante diferencia: la emancipación legal es un acto único y definitivo, la emancipación emocional dura toda la vida.

Avanzar en el proceso de emancipación es distanciarse (emocionalmente, no físicamente) de la constelación familiar natural a la cual pertenecemos. Es tal la identificación con la familia de origen, en niveles conscientes e inconscientes, que incluso a edades muy avanzadas nos podemos sorprender imitando comportamientos familiares, pensando en algunos temas como se pensaba en nuestra familia, o repitiendo los guiones vitales que se nos asignaron o que tomamos para seguir perteneciendo al sistema familiar.

La emancipación emocional es un progreso en el que los propios criterios van sustituyendo los criterios familiares, de manera que cada vez estoy más presente en lo que vivo, cada vez estoy más identificado como adulto que ha elegido las propias circunstancias y menos como hijo de mi familia.

No es un proceso fácil. Los retos son sostener la culpa (traicionamos a nuestras familias), el miedo a ser excluido y la ansiedad por caminar por nuevos senderos al tomar decisiones nuevas.

SEXUALIDAD-PASIÓN

En este caso hablaré de la sexualidad desde una perspectiva relacional y en lo que concierne a su importancia para mantener y fortalecer la relación de pareja.

La práctica sexual tiene un significado especial para la persona, pues le hace sentirse conectado con la vida y con otra persona, le hace sentirse vivo, incluso se puede tener la experiencia de vivir algo extraordinario, aunque sea practicada con regularidad y frecuencia. De este modo es un acto de intimidad, donde las personas se entienden en la esfera de lo especial que no comparto con otros. Por tanto, la relación sexual es una declaración de elección: “te elijo a ti y no a otra persona”.

Por otra parte, cuando hablo de sexualidad la englobo en una concepto más amplio, la pasión. La sexualidad también es una demostración hacia la otra persona de que moviliza en mí algo esencial. Todos nos sentimos especialmente congratulados cuando deseamos y nos sentimos deseados por una persona importante para nosotros.

Apasionarse por alguien supone entrega y disfrute en los momentos compartidos y en las actividades comunes. Y es en esta pasión donde la pareja coloca, o puede colocar, su sexualidad, que es vivida como una fuerza por la que me dejo guiar, incluso arrastrar, pues en la relación con la persona amada me permito movilizar lo más básico de mí.

Expresiones del tipo “me pierdes”, “me vuelves loco/a”, etc., indican que estamos apasionados y nos abandonamos al contacto, también al sexual. Por esto la palabra pasión, que originalmente no tenía un significado sexual, ha acabado teniéndolo.

EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR

Todos venimos de una situación de intercambio desequilibrada. Esto significa que los padres dan más de lo que reciben de sus hijos. Es decir, como hijos durante muchos años recibimos primero la vida y luego los cuidados que necesitamos para crecer, sin devolver nada o casi nada a cambio. Sin embargo, cuando crecemos llegamos a un mundo adulto donde encontramos leyes diferentes, nos encontramos con las leyes de la reciprocidad. Esto es, si yo doy algo espero recibir lo mismo a cambio o algo de equivalente valor. Si yo recibo algo debo devolver lo mismo a cambio o algo del mismo valor.

Dicho así, la ley parece clara y cumplirla no parece algo demasiado difícil. Sin embargo, en una relación de pareja nos podemos encontrar con dificultades. Una de ellas es que yo dé algo y espere recibir a cambio algo que finalmente no llega, bien porque la persona no quiere dármelo, bien porque no puede dármelo, bien porque no sabe qué es lo que yo quiero a cambio.

Otras dificultades surgen cuando una persona sale de su familia de origen con una sensación de carencia. Puede ser que entonces esta persona quiera recibir en la relación de pareja lo que no recibió, o sintió que no recibió, de sus padres, y entonces le pide a su pareja, con frecuencia inconscientemente, compensación. Naturalmente es una petición errónea, imposible, porque se basa en pedir que un amor incondicional surja en un ámbito donde el amor es condicional, con condiciones. Nadie puede darnos lo que corresponde a nuestros padres ,y si hay algo que resolver con ellos a de ser resuelto en esa relación.

¿Cómo hacemos para conseguir el equilibrio? Yo propongo dos caminos. El primero es el de la comunicación. ¿Qué quiero decir con esto? Me refiero a que podemos hacer una especie de contrato en la pareja sobre lo que se quiere y no se quiere en la relación, de manera que determinemos dónde está el equilibrio entre lo que yo le doy y la otra persona necesita, y lo que la otra persona me da y necesito. El segundo camino es un camino personal. Es el camino de necesitar menos y por tanto disfrutar de la pareja como algo que generosamente se me da. Para esto tenemos que hacer todo un trabajo individual para determinar cuanto de lo que buscamos realmente lo necesitamos o suma nuestra vida, cuánto carece de valor o incluso nos resta.

PROYECTO DE PAREJA

En una pareja el proyecto de ambos ha de tener importantes coincidencias y tolerar las divergencias. Así cada persona puede determinar cuánto de lo importante va a compartir, es decir, qué y cuánto se va a vivir juntos, y qué y cuánto puede vivirse sin la compañía de la pareja, sin que eso reste a la intimidad necesaria.

El proyecto de pareja puede referirse a organizaciones cotidianas o a actividades más extraordinarias. Suelen tener más peso los acuerdos cotidianos, porque su frecuencia produce bienestar cuando hay coincidencias y malestar si las diferencias se producen a menudo. Lo extraordinario, por el contrario, puede valorarse como excepción y entonces ser compensado por la regla.

En el proyecto de pareja volvemos a hablar de equilibrio. Si el proyecto de pareja anula a los individuos que la forman se acaba teniendo una sensación de sacrificio personal por el otro. Ninguna persona es igual a otra.

Por mucha complicidad que desarrollemos podemos tener distintos gustos, preferencias o ritmos. A veces, cuando un miembro de la pareja cree necesitar una continua disponibilidad del otro, o bien reprocha a éste lo que hace según criterios individuales, o bien aquél demuestra una continua disponibilidad, olvidándose de sí, esperando que le otro le corresponda. En ambos casos se castiga la parte individual de uno o de ambos.

Y además, cuando en la pareja no se permiten vidas individuales, por separado, la experiencia de pareja se empobrece, pues lo que trae cada uno también renueva la relación.

COMPARTIR-INTIMIDAD

La intimidad, aunque aquí la menciono como un pilar de la relación de pareja, tiendo a verla más bien como resultado de todos los anteriores pilares.

Con la intimidad me refiero a que la otra persona se convierte en alguien tan especial que puedo atreverme a compartir con ella no solo las experiencias vitales sino también aquellos aspectos de mí que me resultan más difíciles de mostrar.

La intimidad no es algo que se logra de una vez y para siempre. En la medida que se comparte lo importante, la intimidad se convierte en una actividad continuada donde los dos miembros de la pareja van cambiando y compartiendo, de modo que la identidad compartida, de la que al principio hablaba, va creciendo. Uno, realmente uno, no llegaremos a ser. Más bien se trata de sentir la presencia amorosa del otro en un proyecto común, intenso e ilusionante.

La intimidad de la pareja se ve interrumpida cuando uno o los dos miembros de la pareja callan algo importante. Insisto en lo de importante porque no creo necesario comunicarse todo, como algunas personas parecen querer y proponer. Y cuando digo que callan algo importante me refiero también a dejar de hacer o ejecutar retiradas en momentos significativos. Si dejamos de compartir aquello que dirige nuestra vida y aquello que nos cambia, acabamos siendo dos desconocidos que conviven en la rutina.

Después de muchos años trabajando con parejas, en los que las demandas de estas fueron muy variadas, y los temas que tocamos aún más, comencé a darme cuenta de que todas la parejas que acudían a mí, pese a sus diferentes situaciones, tenían algo en común: habían perdido intimidad.

Si te interesa conocer más sobre relaciones de pareja, puedes pinchar aquí para visitar esta conferencia en YouTube “Amor y Resentimiento: la intimidad en la pareja”, en ella hablo de manera más  específica de algunos entresijos de las relaciones afectivas.

Ángel Martínez Viejo, psicólogo y psicoterapeuta

1 comentario en “6 PILARES DE LA RELACIÓN DE PAREJA”

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