COMPORTAMIENTO ANTE UNA PANDEMIA: PSICOLOGÍA DEL CORONAVIRUS

La actual crisis sanitaria es también una crisis conductual y relacional. El comportamiento de las personas implicadas, aunque no estén afectadas por la infección, cambia de una manera notable y evidente.

Voy a describir a continuación en tres partes los efectos psicológicos generales de esta situación:

Mapa relacional de la situación

Es obvio que la sensación generalizada es de peligro, y que esta sensación se incrementa en la medida en que hay desconocimiento e incertidumbre de lo peligroso, elementos que sin duda posee el COVID-19. Es cierto que las autoridades políticas y sanitarias y los medios de comunicación tratan de paliar esta situación de desconocimiento, pero mientras quede alguna ignorancia sobre el desarrollo del virus no dejará de surgir la emoción seguramente más primitiva que tenemos: el miedo. Y si el miedo aparece tiene impulsivamente un objetivo: huir. Incluso al llegar a cierto grado y acercarse al pánico ya no atenderá a ninguna información ni razonamiento. El peligro es sobredimensionado.

La persona en pánico toma la situación como supervivencia, y el riesgo mayor pasa a ser la debilitación de identidad comunitaria, del sentir de pertenecer al mismo grupo. Éste comienza a disgregarse. Esto ocurre en sentido amplio, pues, por el contrario, el clan familiar o, en algunos casos, el profesional se afianzan. Porque la debilidad del sentimiento de pertenencia a un grupo mayor nos aferra a otro menor.

La persona amedrentada también cuestiona su proceder cotidiano y busca el comportamiento especial que le salve del peligro especial que le acecha. No se trata de acertar en la reacción correcta. Se trata de hacer algo, de tener la sensación de que se está defendiendo o poniendo a salvo. De ahí que en estas situaciones el comportamiento se acelere: lo que se hace (acumular víveres, desplazarse a otro lugar, hacerse con fármacos, etc.) se hace con hiperactividad.

Lo absurdo de algunos comportamientos es fruto de la incertidumbre sobre qué hacer. Así que en estos momentos las personas son muy sugestionables, esto es, hacen lo que se les dice y se les asegura o se supone que les beneficiará. De ahí la facilidad con la que se extienden bulos, supersticiones, falsas soluciones, etc.

Por último, la simple interrupción de las dinámicas cotidianas puede producir sentimientos de inquietud e intranquilidad. Somos animales de rutinas.

Normalización de la psicopatología

Cualquier psicoterapeuta puede observar esta situación con interés y reconocer en ella cómo lo que habitualmente es un comportamiento excepcional en una persona (que le hace acudir a una consulta profesional) ahora es un comportamiento generalizado e incluso justificado. Es una prueba del enorme poder creador de comportamientos anómalos de las directrices sociales. En estos momentos los gobiernos de varios países asiáticos y europeos están prescribiendo medidas preventivas y de acción ante el COVID-19 que estimulan las siguientes “proto-patologías” conductuales:

Fobia social: al promoverse el aislamiento (quedarse en casa, mantenerse a un metro de distancia), las personas pueden comenzar a temerse mutuamente, recelan unas de otras y se ven posiblemente portadoras de algún menoscabo; el temor al contacto y la retirada se acentúan.

Trastorno obsesivo-compulsivo: lavarse las manos compulsivamente y otras conductas higiénicas es ahora un remedio; hasta hace poco, una persona que hiciera esto, fuese con mascarilla a todas partes y vigilase obsesivamente cualquier superficie de contacto era derivada rápidamente al psiquiatra o al psicólogo; ahora es lo deseable y conveniente, y el trastornado (o al menos irresponsable) es quien no lo hace.

Naturalmente, con conductas muy incipientes y desaparecen cuando las circunstancias desaparecen. Además, en la medida en que existe una justificación y legitimación de las mismas, no están acompañadas de la ansiedad habitual en lo que llamamos psicopatología.

Emociones sistémicas

La terapia de familia sistémica descubrió hace décadas cómo ciertos comportamientos y sentimientos surgían como consecuencia de las dinámicas relacionales en la familia o en otros grupos. He observado que esta pandemia no sólo está acompañada de miedo, también de culpa, de sentimientos de deslealtad. Si una persona no sigue tajantemente las recomendaciones de prevención tiene sentimientos de traición a su grupo. ¿Por qué? Porque coloca a los profesionales sanitarios en una situación apurada y posiblemente a otras personas en peligro. Esto señala, por una parte, identidad grupal, y esto, a mi juicio es positivo para afrontar un reto colectivo. Sin embargo, por una parte, es una identidad grupal rígida e incluso ingenua, y, en segundo lugar, en Europa hay un movimiento sistémico perverso en todo esto. Lo explico:

En la terapia de familia es frecuente que algunos padres traigan a sus hijos pequeños o adolescentes al profesional. Lo que descubrimos los psicoterapeutas es que los hijos están respondiendo anómalamente a comportamientos y decisiones de los padres igualmente irregulares. Los padres no toman responsabilidad sobre sus propios comportamientos y quieren que el hijo o la hija actúe razonablemente y deje de perturbar. Por ejemplo, entre los padres pueden darse tensiones y conflictos y son los hijos quienes los actúan (como si fuesen sus propios conflictos). Si trasladamos esta dinámica a la relación responsables políticos (padres) – población (hijos), descubrimos que los primeros han mermado considerablemente en los últimos años al sistema sanitario, reduciendo el número de profesionales y recursos, que es ahora el principal problema: la sanidad no tiene capacidad de responder al impacto del virus. Pero no asumen la culpa (yo al menos no he escuchado a ningún político disculparse), sino que ésta es desplazada a la población, que es la que actúa irresponsablemente si no respetan las consecuencias de los recortes. Así pues, la culpa es sostenida por quien no tiene el poder. Tratamos de “ser buenos”, de sentirnos inocentes. Si a esto añadimos que hay un beneficio oculto (esta crisis disminuye la ansiedad de la elección sobre qué hacer y justifica las carencias futuras), el juego relacional está servido.

Recomendaciones psicológicas para una reacción saludable

Naturalmente lo primero es escuchar y seguir las recomendaciones del personal sanitario. Para mí, los/as médicos y enfermeros/as son los héroes y heroínas de nuestro tiempo y ahora hay que protegerlos, pues están desbordados. Lo que propongo a continuación son medidas complementarias a aquellas recomendaciones:

Mantén todas las rutinas habituales posibles, y crea nuevas rutinas en los espacios libres. Es importante sentirse en una situación de normalidad. Si haces cosas especiales en exceso (por ejemplo, comprar innecesariamente grandes cantidades de recursos) te sentirás desubicado y en breve llegarán sensaciones de inseguridad, lo contrario que buscabas.

Con todo, introduce algo extraordinario entre las rutinas. El sentimiento de poder hacer algo que tenías pospuesto o deseabas hace tiempo te dará sensación de tiempo útil (y, sin embargo, cuenta también con cierta pereza inicial).

Haz las tareas y actividades con calma, lentamente. La rapidez y aceleración incrementan el sentimiento de alarma.

El aislamiento preventivo no significa pasar a una situación relacional precaria. Algunas investigaciones descubrieron que en las personas solitarias se debilitaba el sistema inmunitario. Mantén contacto usando los medios y tecnologías de comunicación, o incluso, como se ve en algunos barrios, charlando con vecinos de ventana a ventana. Evitar el contagio no ha de llevar a considerarnos “venenosos” unos para otros.

– Como señalé antes, creo que el sentimiento de comunidad es un arma poderosa (sentirse acompañado/a). Y seguramente no hay nada que lo refuerce más que ponerse (en la medida de lo posible) al servicio de los demás.

– ¿Y el miedo? Algunos tratamientos para el miedo (fobia) se basan en la exposición a lo supuestamente peligroso. Es decir, se extinguen así las expectativas de que habrá daño. Aquí no cabe, pues el peligro no es supuesto, es real. ¿Entonces? Entonces el miedo debe de estar. De lo que se trata es de que el miedo no lleve a una huida que reste en vez de sumar, o incluso a la parálisis (otra reacción al miedo). Y para eso podemos utilizar la comprensión (que no es razonamiento, sino identificación de la situación como algo que es, o se parece a, lo que ya conocemos, para reducir la incertidumbre), algo que intento con este texto. Y la acción fortalecedora: hacer lo que me haga sentirme más fuerte emocionalmente. ¿Qué te hace sentirte más fuerte a ti?

Con todo, lo más saludable será el (esperemos que pronto) levantamiento de las restricciones, y hacernos más sabios con todo esto. ¿Qué hemos de hacer para que este pánico generalizado no vuelva a ocurrir?

ángel martínez viejo

6 comentarios en “COMPORTAMIENTO ANTE UNA PANDEMIA: PSICOLOGÍA DEL CORONAVIRUS”

  1. Gracias Ángel. Muy interesante u didáctico. Para muchas de las cosas que no había tiempo, ahora lo hay. A ver cómo lidiamos con ello. Un abrazo

    1. Gracias Ángel por tu generosidad compartiendo con nosotros todo esto. Nos ayuda a entender mejor la situación y nuestras reacciones ante todo este cambio.
      Un abrazo

  2. Ataque y bloqueo son otras rs al.miedo.Desde lo sistemático q mencionas,depositar culpa a la población es una forma de ataque («la mejor defensa es un ataque»),asi como el enfado q suele darse con cualquier decision politica q nos desconcierte.Otros,mas indefensos ante esta situacion,poblaciones de riesgo,tal vez se bloqueen y caigan en un estado de indefension!!!Gracias Angel,tu artículo me hace reactivarme!bs

  3. Gracias Ángel, necesitamos entender cómo nos sentimos ante esta situación, tan extraña y a veces desconcertante. Vamos poco a poco y con paciencia haciéndonos a ello. Un saludo.

    1. Manuela Carrero Fuentes

      Hoy vuelvo al trabajo y llevo toda una semana con miedos por la vuelta a la “nueva normalidad”. Ya me había habituado a no salir de casa, ya me sentía cómoda y segura. Ahora toca aprender de nuevo lidiando con los miedos e inseguridades de esta nueva etapa que se presenta. Cuántas cosas nos está dejando este virus… Gracias por tus publicaciones.

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