la diferencia entre seguir a Facebook o seguirte a TI

Nos planteamos aquí la importancia de distinguir

entre la inspiración y el proceso,

entre lo externo y lo interno,

entre ely el yo…

entre las redes sociales o los libros y la psicoterapia…

¿Qué aporta la psicoterapia que no vas a encontrar en las redes sociales?

Y es que puedes intentar seguir opiniones, testimonios y mensajes leídos en Facebook, o listados estándares de tips y demás frases de autoayuda. Te resuenan, te dicen algo (o mucho) y tratas de hacerlos tuyo; algo así como integrarlos para que te guíen y te faciliten el camino hacia alguna solución que necesitas o estado que buscas.

Pero, ¿ cómo sería seguir un mensaje que brota de ti, una conclusión a la que llegas tú ? Algo, personalizado, que ves claro y verdadero para ti tras un proceso de elaboración que incluso puedes articular con tus propias palabras. Pues esta es la oportunidad que nos brinda la psicoterapia.

Y es que podríamos decir que, igual que hay productos a los que llamamos prefabricados o industriales y otros artesanos, hay discursos prefabricados y otros más artesanales.

Los que han fabricado para nosotros aparecen en internet y los libros. Y la psicoterapia es una de esas experiencias con las que puedes elaborar algo más artesanal y “a medida”.

Muchos de los prefabricados son fantásticos, incluso plenos de sabiduría. Pero sucede que cuando nos guardamos un mensaje o discurso externo, actuamos como si nos cupiese todo, como si nos pudiésemos ajustar a todo, hacernos cargo de cualquier mensaje, filosofía o ejercicio que nos llegue en redes sociales o en charlas y talleres grupales. O al menos lo intentamos… Pero resulta que estos discursos prefabricados, a menudo, son un producto más, es decir, tienen mucho que ver con el marketing actual que se centra en vendernos cosas rápidas y sencillas y luego te encuentras con que para ti no es tan sencillo. Y cuidado si el fallo te lo atribuyes a ti, a torpeza o carencia personal, ¡y no al mensaje!. Es decir, al no encajar, puede suceder que nos juzguemos como torpes, consideremos que estamos fallando, sospechemos que algo debe ir mal en nosotros o que estamos “incompletos/as”, aumentando la avidez de “completarnos”, “realizarnos”, “solucionarnos”… y por lo tanto, la compulsión de consumir más de esos mensajes-productos…

A veces actuamos como si cualquier proceso o idea lo pudiésemos hacer nuestro “ a la de ya ”. Pero alto, escúchate:

¿ En qué punto de tu camino o proceso estás tú y cuáles son las palabras y trabajos más ajustados para ti, ahora ?

Cada persona vive su proceso de crecimiento, aprendizaje, búsqueda de soluciones o adaptación, de una forma personal y única. Lo que vale para unas personas, no siempre vale para otras de forma generalizada, y todo tiene su momento para cada cual. Todo requiere unos pasos previos o posteriores que a veces no están dados.

Y esta es la realidad que respeto como psicoterapeuta y la premisa de la que parto. Por eso, en psicoterapia, consideramos cómo reacciona tu cuerpo a cada mensaje, a las ideas o propuestas que se plantean y elaboran en las sesiones. Se ve si encajan y cómo, se cuida el momento, se mide ritmo… lo que te llevas ha pasado por tu cuerpo y nace de algo muy personal que estás experimentando. En el camino, te haces consciente de tus mecanismos de funcionamiento y, entonces, más naturalmente, elaboras y sigues tus propias “instrucciones” para funcionar saludablemente… Digamos que escribes el manual con las “instrucciones” precisas y más acertadas para ti, justo las que van revelándose en un estado de conexión contigo.

El mensaje en psicoterapia es creado y ajustado al máximo a ti (personalizado) en un espacio propio de seguridad. Las palabras que registres para recordarte algo, para guiarte en tu día a día pueden ser muy tuyas (aunque se puedan parecer a las de otros), y estarán asociadas a una experiencia emocional, la que tengas en la sesión psicoterapéutica, por lo que el aprendizaje es más significativo y más fácil de llevar a la acción. Lo que nace así de arraigado en ti va a tener más fuerza.

De hecho, precisamente por esto, recomiendo especialmente a mis clientes que se paren después de la sesión a escribir, a resumir con sus palabras lo tratado, para anclar o arraigar sus conclusiones y sensaciones. Y seguir escribiendo a cerca de ellas, a su manera, como un acto de reelaboración para dar sitio a su propia voz.

Los mensajes realmente relevantes en tu vida los tejes tú, y en psicoterapia se comienza con las sesiones, en compañía, con ayuda; en una relación real, con una persona real (tu psicoterapeuta). Porque en relaciones reales fue donde aprendiste (seguramente sin elaborarlo conscientemente) todo lo que ahora tratas de desaprender.

En definitiva, tu proceso puede ser artesano, hecho con tus manos. En cambio, guiarte durante mucho tiempo por algo muy externo y ajeno a ti puede reforzar la desconexión de ti mismo/a, te puede alejar aún más si cabe de tu proceso más auténtico.

Recordemos:

La palabra o frase que puede inspirarte el trabajo personal no tiene que ser el trabajo propiamente dicho para ti. Lo externo en muchos casos inspira pero no soluciona. Distingamos entre lo prefabricado y lo artesano.

Atrevámonos a crear con las manos en la masa, con paciencia y amor.

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