LA DESPEDIDA. dejar atrás las relaciones difíciles

Como psicoterapeuta de familia fui educado en el reconocimiento de los vínculos familiares y en la reconciliación. La solución de conflictos pasaba por el reforzamiento de los lazos familiares por senderos más saludables. Por eso fue impactante para mí saber que el célebre y eficaz psicoterapeuta Milton Erickson, tan admirado por mí, le había prescrito a quien se convertiría en su más importante discípulo, el psicólogo Ernest Rossi, que se alejara de su familia, que se despidiese de ella. ¿Cómo podía ser esto saludable, o siquiera beneficioso?

Esa simple anécdota me ha hecho reflexionar durante años sobre cómo manejarse con las relaciones familiares que han sido difíciles (Rossi tuvo una infancia muy desafortunada con su familia de origen). Las enseñanzas de Bert Hellinger, que tanto ahínco puso en la reconciliación tras el conflicto, me parecían contrarias a la opción de Erickson. Exploré con muchas personas y situaciones los enredos del amor y el resentimiento, y finalmente llegué a una conclusión: Sin respeto y agradecimiento no hay despedida. ¿A qué me refiero con esto? ¿Acaso la víctima ha de agradecer a su agresor? ¿O el invadido a su colono? ¿Acaso el engañado ha de mirar respetuosamente a su defraudador? No hablo de la necesidad de agradecer a la persona, a quien sólo a veces se puede agradecer el vínculo. Hablo del respeto y agradecimiento hacia el acontecimiento, hacia la vivencia, hablo del propósito de conseguir que lo experimentado merezca la pena.

Es maravilloso tener experiencias con una persona o grupo, en las que predomine el amor, el enriquecimiento y la bondad, y disponer, cuando toque, de las bendiciones de todos en la retirada y la distancia. Sin embargo, a veces lo vivido es duro, abusivo, la bendición ajena a los propósitos de los participantes, la despedida experimentada como inadecuada, incluso como agresión, y, en resumen, la relación resta, empobrece, duele. ¿Cómo agradecer a las personas que hemos vivido como agresoras? ¿Cómo priorizar un sentimiento de respeto para ellas? No propongo esto. Y aún así me di cuenta de que marcharse con resentimiento y pelea hacia lo ocurrido perpetuaba el conflicto dentro de la persona, que incluso podía llevarlo a otras relaciones posteriores sin ser consciente de ello. Tampoco era un buen camino, una buena despedida. En realidad, no había despedida.

Porque la despedida exige integración de la experiencia, aprendizaje para hacerse más sabio, impulso para buscar y permitirse algo diferente.

Podemos tardar años en obtener este nuevo conocimiento, años en resituarnos respecto a la vivencia original, años en comportarnos desde otro sentir, y, cuando lo conseguimos, mirar lo que pasó sin pelea, sin negación, sin evitación. Entonces es cuando, con respeto y agradecimiento, nos sentimos más amplios, más grandes, más fuertes.

1 comentario en “LA DESPEDIDA. dejar atrás las relaciones difíciles”

  1. Qué precioso articulo Ángel, y muy esclarecedor para mí en este momento. Justo estaba buscando mi lugar a la hora de mirar un suceso que me ha alterado bastante y con estas ideas he hecho clic y lo encontrado. Muchas gracias, como siempre y un abrazo

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