EL EQUILIBRIO ENTRE EL DAR Y EL TOMAR EN LA PAREJA

Vamos a hablar, primero, de la reciprocidad de los intercambios humanos en general. Esto es un tema que durante décadas han estudiado los antropólogos en distintas culturas, comprobando que se producían en los pueblos como unas leyes que determinaban la obligación de: DAR, RECIBIR Y CORRESPONDER A LO DADO. Parece ser algo bastante universal.

Todos venimos de una situación de intercambio desequilibrada. Esto significa que los padres dan más de lo que reciben de sus hijos. Es decir los hijos durante muchos años reciben primero la vida y luego los cuidados que necesitan para crecer, sin devolver nada o casi nada a cambio. Sin embargo, cuando crecemos llegamos al mundo adulto y nos encontramos con leyes diferente, esto es, con las leyes de la reciprocidad: si yo doy algo espero recibir lo mismo a cambio, o algo de equivalente valor. Si recibo algo debo devolver lo mismo, o algo del mismo valor.

Dicho así, la ley parece clara, y cumplirla no parece demasiado difícil. Sin embargo, en una relación de pareja podemos encontrarnos con algunas dificultades. Una de ellas es que yo dé algo y espere recibir a cambio algo que finalmente no llega, bien porque la otra persona no quiera dármelo, bien porque no pueda dármelo (no está en su mano), bien porque no sepa qué es lo que yo quiero a cambio.

Otras dificultades surgen cuando una persona sale de su familia de origen con una sensación de carencia. Puede ser entonces que esta persona quiera recibir en la relación de pareja lo que no recibió (o sintió que no recibió) de sus padres. Es decir, le pide a su pareja compensación por lo que no recibió de sus padres. Naturalmente es una petición errónea, imposible, porque se basa en pedir que un amor incondicional surja en un ámbito donde el amor es condicional, tiene condiciones (las de la reciprocidad). Nadie puede darnos lo que correspondía a nuestros padres, y si hay algo que resolver con ellos ha de ser resuelto en la relación con ellos. Además, el equilibrio entre el dar y el tomar en una relación de pareja mezcla lo material con lo afectivo, y así alguien puede dar algo material y esperar afectividad a cambio, y viceversa. Esto, naturalmente, complica la situación porque aquí es difícil delimitar el valor de cosas muy diferentes. También puede ser complicado cuando confiamos en que la complicidad que tenemos haga innecesaria la comunicación de lo que necesito o deseo. En estos casos una persona puede considerar que su pareja no le da lo que quiere porque no quiere (se niega), pues a sus ojos debería ser obvio lo que espera recibir.

Éstos desequilibrios, o sensación de desequilibrio, pueden llegar a producir resentimiento, un auténtico cáncer para la pareja. Resentimiento es el resultado de las expectativas no cumplidas unidas a atribuir al otro una intención de no querer que se cumplan. Es decir, interpretamos que nuestra pareja no quiere darnos lo que necesitamos, pues carece del amor necesario para obsequiarnos con lo que consideramos que es una promesa o una obligación.

¿Cómo hacemos para conseguir el equilibrio?

Propongo dos caminos:

El primero es el de la comunicación. ¿Qué quiero decir con esto? Me refiero a que podemos hacer una especie de contrato en la pareja sobre lo que se quiere y no se quiere en la relación, de manera que determinemos dónde está el equilibrio entre lo que yo doy y la otra persona necesita, y lo que la otra persona me da y yo necesito.

El segundo camino es un camino personal. Es el camino de necesitar menos y, por tanto, disfrutar de la pareja como algo que generosamente se me da. Para esto tenemos que hacer todo un trabajo comprometido y honesto para determinar cuánto de lo que buscamos realmente es necesario o suma a nuestra vida, y cuánto carece de valor o incluso nos resta.

Ángel Martínez Viejo

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