RESPIRAR PARA ACARICIARNOS

En las sesiones psicoterapéuticas trabajamos especialmente con la intención de conseguir que la persona se alíe consigo misma. Es decir, además de crear un espacio seguro, explorar causas y desenredar lo que genera estrechez y malestar, de manera transversal, trabajamos para que la persona contacte y sienta que se encuentra consigo. Y ahí, es donde se conoce, se recibe y se acompaña a sí misma, cuenta con ella como aliada. Esto, además de producir alivio, es un lugar de partida necesario para revisar, construir y aprender dentro y fuera de la sesión: una posición vital desde la que caminar.

Facilitar esa conexión es un trabajo a veces lento (dada nuestra historia de desconexión y peleas internas acumuladas), y basado en la práctica del contacto amable, paciente y respetuoso con uno/a mismo/a.

Hay muchas maneras de trabajarlo y solemos explorarlo y entrenarlo en las sesiones, por ejemplo a través de: la comprensión compasiva de rasgos y comportamientos de la persona, el diálogo e integración entre partes internas que están enfrentadas, la conciencia del cuerpo, las sensaciones y el contacto regulador con él, etc. Como base podríamos empezar con la conciencia de la respiración y otros recursos somáticos para sentirnos habitado/as, presentes y a salvo en el lugar que ocupamos en el mundo.

Aquí compartimos una propuesta sencilla de alianza, regulación y autocuidado:

“RESPIRAR PARA ACARICIARNOS”

«El aire es mi invitado, yo le dejo pasar a mi interior.

Con mi atención lo recojo en las fosas nasales y lo acompaño hacia dentro, de manera suave y consciente. Así poso mi atención en mi inspiración…

Lo observo entrar lentamente en su recorriendo por mi interior… hasta donde llegue, sea como sea, me hago consciente de que este aire dentro de mi es una caricia. Me roza:

Dentro de mi pecho, allí donde yo no puedo tocarme, puedo darme un “toque” de otro modo, un “toque” cálido y amable, que es el roce del aire y el movimiento interno que produce al entrar y salir.

Concibo este aire entrando y saliendo como una caricia amorosa, una pasada calmante. Que me reblandece por dentro.

Si lo hago pasar de una manera suave, amorosa y profunda… permito que me reblandezca el pecho, que me meza, notando el movimiento, un sutil balanceo… un masaje que se desencadena cuando se expande el diafragma

Me paro a percibir su efecto en mi cuerpo, mi sensación de él, mis sensaciones en él.

Poso también mi atención en el aire saliendo, alargo y degusto la exhalación. Y dejo que mi cuerpo, descargue, suelte, se relaje a la par. Aprovecho para aflojar aun más mi cuerpo. Dejarlo caer en el asiento, sentir el apoyo de lo que me sostiene… Noto el contacto de mis pies con el suelo.

Siento entonces el gusto de ser atendida/o (por mí misma/o) ahí dentro, de aflojar mi pecho y mi corazón…

…»

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