TÚ Y YO SOMOS MUCHOS: LA MIRADA SISTÉMICA

Hay un video circulando por internet que resume brevemente la experiencia de reintroducir a los lobos en el Parque Natural de Yellowstone a partir de 1995. Lo que ocurre es magia: los lobos cambian el curso de los ríos.

Estos depredadores, formidables cazadores, redujeron en un 60% la población de ciervos y alces del parque, lo que dio lugar a un fortalecimiento de la vegetación (muy mermada por el exceso de esos mismos ciervos y alces), y una afluencia mayor de otras especies animales (aves, castores, reptiles…) al disponer de más alimento. También desaparecieron los coyotes, al no poder competir con lo lobos, lo que hizo crecer el número de conejos y ratones. Esto atrajo a halcones, zorros, tejones, comadrejas, águilas calvas y cuervos. Finalmente, una fijación más firme de los márgenes de los ríos y riachuelos gracias a la menor erosión modificó, incluso, la forma física de Yellostone. En resumen, la introducción de los lobos creó un nuevo Parque de Yellowstone. Aquí tienes el video con imágenes del parque y la descripción completa por si quieres verlo: ¿cómo pueden los lobos cambiar el curso de un río?

Seguramente, como suele ocurrir en las redes sociales, esta historia está simplificada, pero no deja de ser una sencilla imagen, precisamente por su simpleza, del funcionamiento sistémico de la naturaleza, esto es, de cómo los seres vivos se organizan en una compleja red de interrelaciones que tiende a estabilizarse, a repetirse indefinidamente (lo que en la teoría de sistemas se denomina homeostasis), o por el contrario cambia cuando es introducido o eliminado algún elemento del sistema (a veces drásticamente, como muestra el vídeo), o bien porque uno de estos elementos del sistema modifica significativamente su comportamiento. Esto es la mirada sistémica.

Lo sistémico en las relaciones humanas

La concepción sistémica fue introducida en psicoterapia a través de la Terapia de Familia, que comprobó que el comportamiento familiar puede ser percibido como la organización de un sistema, en el cual sus miembros dirigen su comportamiento ajustándose mutuamente. Así, por ejemplo, en una pareja uno puede ser dominante porque el otro es dependiente, y éste es dependiente porque el otro es dominante (esto se denomina causalidad circular). Naturalmente esto se puede complicar, si el miembro dependiente de la pareja se alía con un hijo para compensar e incluso superar la dominancia del otro, es decir, se produce una triangulación. El hijo ofrece un comportamiento que se relaciona, a la vez, con los papeles de ambos progenitores. Si seguimos introduciendo miembros de la familia y diferentes situaciones, podemos imaginar la enorme complejidad a la que llegamos.

Para la psicoterapia esta perspectiva supuso novedad y creatividad, dando lugar a un abordaje nuevo del comportamiento humano. Pero la influencia de la sistémica no se quedó ahí y actualmente la encontramos en diversos ámbitos (educación, salud, derecho, empresas, etc.). Y, sobre todo, supone una interesante sugerencia de cómo experimentar nuestras relaciones en nuestra vida cotidiana.

¿Puedes verte en esta compleja conectividad, explicando tu actuar y sentir como el resultado coherente de tu pertenencia a distintos grupos humanos?

Cuando afirmas algo contundentemente, ¿puedes descubrir a quien le agradaría dicha contundencia, esté o no presente?

Cuando te comportas con mucha generosidad, incluso excesiva, ¿das con el modelo que inspira esa conducta?

Cuando tienes expectativas frustradas en una relación, ¿localizas a qué grupo pertenece la normalidad que buscas?

La visión sistémica anula nuestro concepto de personalidad individual y lo sustituye por un diálogo tanto exterior como interior. Como decía una expresión que leí en algún libro de terapia familiar, tú eres tú y la familia que va contigo (que podemos extender a las relaciones que van contigo).

La mirada sistémica supone añadir más protagonistas a lo que aparenta la observación más inmediata, protagonistas invisibles pero imprescindibles para comprender las relaciones.

Tal vez el caso más ilustrativo es la relación de pareja. ¿Cómo miro sistémicamente a mi pareja?: Lo hago cuando percibo en ella a la persona y a sus orígenes, a sus padres y hermanos, incluso a sus abuelos y bisabuelos, incluyendo las historias importantes que determinaron la elección de cómo vivir. Lo hago cuando, hasta en lo que me resulta más extraño, descubro que su comportamiento es el resultado de interacciones importantes, repletas de afectos, significados y consecuencias. Y también lo hago cuando en mi propia posición descubro a mi propia familia de origen, con su “normalidad”, sus expectativas o ambiciones, y también con los asuntos por concluir. La mirada sistémica señala que nuestro encuentro es el encuentro de dos historias con orígenes lejanos y deseos presentes. Fácil cuando las historias convergen, frustrante cuando divergen. Y una única solución: el inicio de una nueva historia, la búsqueda de nuestra originalidad (queda para otra entrada de este blog el esfuerzo de emancipación emocional que esta tarea requiere).

Pero la visión sistémica no se queda sólo para las relaciones interpersonales, pues invita a la auto-observación como una relación consigo mismo. En este sentido mis dudas, confusiones o enredos internos pueden reflejar las relaciones previas que tuve con personas importantes en mi vida, relaciones que han quedado internalizadas y que vivo como posiciones incompatibles y sin resolución, sin encuentro común. Por esto a veces tenemos sentimientos opuestos en una misma situación, y nos debatimos por opciones contradictorias para las que tenemos argumentos de igual peso. Cada persona puede ser un campo de batalla de emociones contradictorias, o vivir una agradable fluidez cuando nos situamos en posiciones seguras, sin vacilación alguna. Así, según el caso, cuando NO miramos sistémicamente llegamos a creer que algo no funciona en mí (“soy defectuoso”) o bien que soy un ser sano (“esto es lo normal”), reduciendo falsamente nuestra experiencia a un momento presente independiente de toda nuestra historia.

Cuando entrenas la mirada sistémica acaba la magia y el misterio intimidante y comienza la luz y la comprensión, comienza la orientación y la aventura del descubrimiento.

Si quieres saber más, es interesante y divertida la lectura del libro de Jay Haley: “Las tácticas de poder de Jesucristo”, Editorial Paidós.

ÁNGEL MARTÍNEZ VIEJO

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